LA CASA DE BERNARDA ALBA
1. Introducción
● Lorca escribió La casa de
Bernarda Alba poco antes de su muerte, en 1936 y está considerada su obra
maestra. No se estrenaría hasta 1945, y en Buenos Aires. En 1968 en España.
●
Subgénero: ¿drama o
tragedia?
La obra se subtitula Drama de mujeres en los
pueblos de España. Lorca rechaza el concepto de tragedia porque para él la
tragedia comportaba elementos míticos que aquí no están presentes, como sí lo
estaban por ejemplo en Yerma o en Bodas de Sangre. El realismo
del lenguaje y ciertas expresiones cómicas serían rasgos propios del drama,
aunque la impresión de necesidad de catástrofe y la frustración nos recuerdan a
una tragedia. Tiene facetas del drama rural pero Lorca trasciende ese género y
se alza a un nivel superior. Además, hay ciertos elementos que sirven de
augurio, típicos de la tragedia, como ese anillo de compromiso de perlas que
Pepe el Romano regala a Angustias, y que como se señala en la propia obra,
representa las lágrimas, adelanto del triste final.
Por otro lado, la génesis de la obra tuvo su punto
de partida en figuras reales: no estamos por tanto ante una obra puramente
poética, sino de denuncia social, lo cual entroncaría más con el drama que con
la tragedia.
2. El planteamiento
Tras la muerte de su segundo marido Bernarda Alba
impone a sus cinco hijas como luto una reclusión. Se trata de la exageración de
una costumbre real, de una tradición llevada a extremos increíbles. Esa
exageración sitúa la obra en el plano de lo simbólico. En esa situación límite
los conflictos, las fuerzas, las pasiones se agrandarán hasta la exasperación.
Catalizador de las fuerzas encerradas será la figura de Pepe el Romano, pretendiente
de Angustias (la hija mayor y heredera) pero atraído por la juventud y belleza
de Adela (la menor) y amado a su vez, en secreto, por Martirio, otra de las
hermanas.
3. Los temas
●
El tema central de la obra es el enfrentamiento
entre autoridad y libertad o el conflicto entre la realidad y el deseo.
Frente al autoritarismo y la represión de Bernarda, las hijas encarnan desde la
pasiva sumisión frustrante de las mujeres de la época en general, hasta la
rebeldía imposible de Adela.
●
Las raíces de la frustración se pueden situar en un
plano social con un fuerte componente moral, lo cual conduce a señalar una
serie de temas que se unen con el central:
○
la moral tradicional y la presión social sobre
los individuos (el qué dirán y las apariencias),
○
las diferencias sociales,
○
la condición de la mujer en la sociedad española
de la época (y las diferencias sociales entre hombres y mujeres),
○
el honor,
○
la pasión condenada a la soledad o la muerte...
4. La estructura
● Estructura externa: la obra se
estructura en 3 actos.
●
Interna: tres partes distintas en la obra.
1) Aparece la exposición de la situación, una
localización espacio-temporal y una presentación de los personajes. Se dice que
ha muerto el señor Alba y que Bernarda va a imponer el luto en la familia.
2) El desarrollo anuncia la boda de Angustias con
Pepe el Romano y a partir de este momento la tensión va en aumento. Se muestran
las envidias, y amores, de las demás hermanas, el misterio de las ventanas y de
los encuentros nocturnos. El momento cumbre es cuando se desvela que Adela y
Pepe han mantenido una relación.
3) La última parte, el desenlace, es trágico: el
suicidio de Adela al creer esta que su madre ha matado a Pepe.
5. El espacio
La acción se desarrolla en la casa de Bernarda: un
espacio cerrado. Es el mundo del luto, del silencio de la ocultación. Este
lugar es comparado con un convento, con un presidio similar al infierno que
transmite una atmósfera sofocante. Existe una relación entre el interior de la
casa y la represión a la que las hijas son sometidas por el mundo exterior. De
él llegan ecos de pasiones elementales o de un erotismo desatado (la anécdota
de los segadores con la prostituta), pero también advertencias, como lo que le sucede a
la hija de la Librada, que tiene un hijo siendo soltera. Estas dos anécdotas
reflejan un mundo exterior también regido por unas convenciones sociales (el
qué dirán) que oprimen sobre todo a las mujeres. Por otro lado, el pueblo es
considerado un mal pueblo por tener pozos en vez de ríos, que simbolizarían la fuerza
vital, el erotismo, y los pozos la pasión reprimida, encerrada, y la muerte.
6. Los
personajes
● Bernarda es una encarnación hipérbolica de las fuerzas
represivas. Representa las convenciones morales y sociales más añejas y la
mentalidad tradicional vigente, la buena fachada aun cuando no se corresponde
con la realidad. Se opone a los impulsos eróticos. Tiene orgullo de casta: a todas
las hijas les recuerda las obligaciones que conlleva el ser “de su clase”. Su
autoridad está simbolizada por el bastón y por ese lenguaje impositivo.
●
Las hijas viven en la reclusión impuesta y el deseo de mundo
exterior. Obsesionadas por lo erótico, estos anhelos, a veces unidos al
matrimonio, son su única manera de salir del encierro. El abanico de actitudes
va desde la sumisión o resignación hasta la rebeldía.
○ Angustias: 39 años, hija del primer matrimonio y heredera
de una envidiable fortuna que atrae a Pepe. Ha perdido y la ilusión y la
pasión.
○ Magdalena: 30 años, sumisa, pero sorprende con protestas.
Ella prefería ser hombre ya que ya ha abandonado la idea de casarse.
○ Amelia: 27 años, tímida y asustadiza, pudo haberse
casado si su madre no se hubiera opuesto. Enferma, depresiva y pesimista.
○ Martirio: 24 años. Envidiosa, resentida, ama en secreto
a Pepe el Romano. Es quizá el personaje más complejo. Será la que al final
grite “se acabó Pepe el Romano” (mintiendo, sólo por desdén hacia Adela) y
desencadene el suicidio de su hermana.
○ Adela: 20 años, encarnación de la abierta rebeldía.
Se trata de la joven más hermosa y apasionada. Destaca por su vitalismo
(simbolizado en el vestido verde), su pasión y su fuerza. Entra en desafío con
la moral establecida.
○
Otros personajes: María Josefa, la abuela que vence al poder a
través de la locura; la Poncia, vieja criada que interviene en las
conversaciones y los conflictos, advierte y da consejos; Pepe el Romano,
que sin aparecer es omnipresente, es la encarnación del hombre, del oscuro
objeto del deseo.
7. El lenguaje
La obra destaca por la maestría del diálogo: su
fluidez, nervio e intensidad: predominan las réplicas cortas y rápidas. El
lenguaje lorquiano tiene además un sabor popular. Está hondamente enraizado con
el habla popular, especialmente en la andaluza, que se puede observar en giros
y palabras, en las hipérboles y en la creatividad. Pero ese supuesto
costumbrismo no es tal, porque la unión de realidad y poesía se da en cada
momento. Hay giros que aparentemente son costumbristas (“hay unas estrellas
como puños”, “el me lleva a los juncos de la orilla”), y que pueden sonar
típicamente andaluces, coloquiales, pero que en realidad es un lenguaje
completamente reinventado con apariencia de popular. Además, en esta dimensión
poética, destaca el continuo simbolismo:
8. La
simbología
● El uso expresionista de los colores (o de la ausencia de
colores). El blanco y negro: las paredes que contrastan con los
vestidos de luto de las mujeres. Blanco pureza, negro muerte. Sólo destaca en
un momento dado el verde del vestido de Adela, que es la rebeldía, la
libertad.
● El bastón: símbolo del poder tiránico, que por su forma
representa los valores patriarcales.
● Los caballos, la masculinidad, el desenfreno y el deseo
sexual.
● El calor, presente en todo momento y mencionado por los
personajes constantemente (la pasión reprimida).
● El agua estancada, que es la muerte (en el pueblo no hay ríos,
solo pozos).
● La luna: por antonomasia representa la muerte pero también el
erotismo.
●
El anillo de perlas, augurio del triste final.
Y muchos más. Por eso, aunque el propio Lorca
quiso con esta obra hacer un retrato social, una especie de fotografía
realista, y aunque evitara el verso y la inclusión de cancioncillas como en sus
otras obras, no se puede decir que Bernarda no sea una obra poética. La
poesía está imbricada todo el tiempo, de una manera mucho más sutil, pero ahí
está. Ese es el verdadero hallazgo de Lorca: combinar realismo y denuncia
social con la poesía más estilizada, sin que nos demos cuenta.
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