Introducción: el concepto de Renacimiento
Cambios sociales
en el siglo XVI
Desde mediados del siglo XV hasta finales del XVI,
Europa conoce un largo periodo de crecimiento. Es el tránsito de la Edad Media a los
tiempos modernos. En la
Edad Media encontramos a un individuo inserto en
solidaridades colectivas, feudales y comunitarias. En la Edad Moderna se va a
producir una evolución de las mentalidades, en particular en la idea que las
personas van a tener de sí mismas y de su papel en la vida diaria de la
sociedad.
El individuo se afana por adquirir, defender o
acrecentar su papel en la sociedad hasta tal punto que ya no se es lo que se
es, sino lo que se aparenta ser […]. La meta a la que aspiran los grupos
venidos de las capas inferiores es integrarse en la nobleza como la
conservación del éxito social.
Existe una cierta movilidad social que permite a un
burgués ascender a la categoría de hidalgo o caballero, emparentando con
familias nobles o entrando al servicio de la aristocracia. La compra de oficios municipales, la adquisición de juros, la compra de
títulos nobiliarios a través de señoríos, desencadenará en la sociedad un afán
de distinción y de participar en la honra nobiliaria, que aumentará exageradamente
el número de hidalgos en la segunda mitad del siglo XVI y polarizará una
sociedad de ricos y pobres disminuyendo notablemente la clase media.
Bartolomé
Arraiga, Felipe II. Un monarca y una
época
La prosa idealista en el Renacimiento
Texto I: novela morisca. La historia del Abencerraje y de la hermosa Jarifa
Argumento: el alcaide cristiano de Álora, Rodrigo de Narváez,
sale una noche de la fortaleza a patrullar con sus escuderos y capturan un
prisionero: el Abencerraje, que va en buscar a su amada. Rodrigo de Narváez lo
deja marchar tras hacerle prometer que volverá pasados tres días para ser su prisionero.
El moro acepta, agradecido, y cumple su promesa, acompañado de Jarifa, su
amada, con quien se ha casado a pesar de la oposición de su padre. Al comprobar
su honradez, don Rodrígo accede a escribir al Rey de Granada para que este
convenza al padre de Jarifa de que les perdone, y al fin los dos enamorados
pueden retornar a su tierra natal.
Compuesta
entre 1550 y 1560, es una conmovedora novela de amor y un canto a la
convivencia entre la cultura musulmana y cristiana.
-Abindarráez, quiero que veas que puede más mi
virtud que tu ruin fortuna. Si tú me
prometes como caballero de volver a mi prisión dentro del tercero día, yo te
daré libertad para que sigas tu camino, porque me pesaría de atajarte tan buena
empresa.
El moro, cuando lo oyó, se quiso de contento de
echar a sus pies y le dijo:
-Rodrigo de Narváez, si vos eso hacéis, habréis hecho la mayor gentileza de corazón que nunca hombre hizo, y a mí me daréis vida. Y para lo que pedís, tomad de mí la seguridad que quisierais, que yo lo cumpliré.
-Rodrigo de Narváez, si vos eso hacéis, habréis hecho la mayor gentileza de corazón que nunca hombre hizo, y a mí me daréis vida. Y para lo que pedís, tomad de mí la seguridad que quisierais, que yo lo cumpliré.
El alcalde llamó a sus escuderos y les dijo:
-Señores, fiad de mí este prisionero, que yo salgo
fiador de su rescate.
La historia del Abencerraje y de la hermosa
Jarifa
Texto II: la novela de caballerías. El Amadís de Gaula
Argumento: tras una introducción en la que se afirma que fue
encontrado en un arcón enterrado, se inicia con el relato de los
amores furtivos del rey Perión de Gaula y de la princesa Elisena de Bretaña,
que dieron lugar al nacimiento de un niño abandonado en una barca. El niño es
criado por el caballero Gandales e indaga sobre su origen en medio de
fantásticas aventuras, protegido por la hechicera Urganda la Desconocida, así
llamada porque nunca se presenta con la misma cara ni con el mismo aspecto, y
perseguido por el mago Arcaláus el encantador. Atraviesa el arco hechizado de
los leales amadores en medio de la Ínsula firme, vence al terrible monstruo
Endriago, donde conoce a su hermano Galaor, y atraviesa por todo tipo de
peligrosas aventuras, por amor de su amada Oriana, hija del rey Lisuarte de la
Gran Bretaña.
La obra original (antes de las modificaciones
incluidas por Montalvo) acaba trágicamente, como todas las obras del llamado
Ciclo Artúrico. El original (reconstruido) acaba como sigue: Lisuarte, mal
aconsejado por avariciosos consejeros, echa de su lado a Amadís, lo reta e
intenta casar a Oriana con un enemigo del héroe. Oriana es rescatada por Amadís
y llevada a la Insula Firme por este. Lisuarte le declara la guerra a Amadís
acompañado por Galaor (envidioso de Amadís) y Esplandián (a quien Lisuarte ha
criado sin saber que es su nieto). Tras varias batallas Galaor reta a Amadís y
este lo mata. Lisuarte reta y Amadís también lo mata. Un tercer reto enfrentará
a Amadís y a Esplandián, matando este último a Amadís. Oriana, que observa la
batalla desde una ventana, al ver la muerte de Amadís se lanza al suelo y
muere. Urganda aparece y revela la verdad sobre sus padres a Esplandián.
La versión de Montalvo modifica sobre todo este final,
haciéndole durar todo el libro cuarto. El final de los personajes es distinto.
Se acometieron a todo el correr de los caballos.
Quebraron las lanzas, y los caballos se juntaron con tanta violencia, que los
dos caballeros cayeron al suelo, y todos creyeron que habían muerto. Tenían
trozos de lanza metidos por los escudos y hasta por las carnes. Mas como ambos
eran ligeros y vivos de corazón, se levantaron en seguida, se arrancaron el
hierro de la lanza, y echando mano a la espada fueron uno contra el otro. La
lucha parecía desigual, porque el rey Abies llevaba un palmo de estatura y sus
brazos parecían de gigante. Los golpes de espada eran tan vivos y repetidos,
que parecía que luchaban veinte caballeros.
Amadís de Gaula
[…] Poco después
salió el gigante en su caballo. Parecía tan descomunal, que no había hombre que
osase a mirarle. Unas hojas enormes de hierro le cubrían desde la garaganta
hasta la silla. Llevaba un gran yelmo de color claro, y en la mano una gran
maza de hierro […]. El gigante se lanzó contra él y parecía que avanzaba una
torre. Galaor […] le dio con la espada en el brazo y se lo cortó hasta el
hombro […]. El gigante se desplomó, y Galaor le cortó la cabeza.
Amadís de Gaula
Texto III: la novela pastoril. La Arcadia
Argumento: la
Arcadia es un prosimetro –mezcla de verso y prosa- pastoril de Jacopo Sannazaro,
escrito a partir de 1480 y publicado en 1504 en Nápoles después de haber
circulado en forma de manuscrito. Narra las vivencias de Sincero, un
pastor bajo cuya ropa se esconde el poeta, que a causa de una desilusión
amorosa y política se aleja de la ciudad para vivir en una idealizada Arcadia
–mítica región de Grecia- entre pastores poetas como los de
los Idilios de Teócrito. Pero un sueño terrorífico, alegoría de la
caída de Nápoles bajo Carlos VIII en 1498, lo induce a regresar a Nápoles atravesando
las grutas cercanas a la ciudad para llegar a conocer la muerte de su amada.
En la cumbre del Partenio, no humilde monte de la
pastoril Arcadia, yace un delicioso llano, de no muy delimitada extensión, ya
que la situación del lugar no lo consiente, pero tan colmado de menuda y
verdísima hierba, que si las lascivas ovejas con sus ávidos mordiscos allí no
pastaran, se podría en cualquier tiempo encontrar verdor. Donde, si no me
engaño, hay de doce a quince árboles de una belleza tan extraña y desmedida,
que cualquiera que los viese, juzgaría que la maestra natura se hubiese
esmerado allí en formarlos, con sumo deleite. Estos árboles, algo distanciados
unos de otros, y no dispuestos en orden artificioso, ennoblecen sobremanera con
su raleza la belleza del lugar. Allí, sin nudo alguno, se puede ver el
derechísimo abeto, nacido para resistir los peligros del mar; y la robusta
encina, de ramas más abiertas; y el alto fresno y el delicioso plátano allí se
despliegan con sus sobras, ocupando una buena parte del bello y abundante
prado. […]
Esta plantas no son tan descorteses como para
impedir totalmente con sus sombras que los rayos del sol penetren en el
delicioso bosque, sino que por varias partes tan graciosamente los reciben, que
es rara la hierba que por aquellos no tenga grandísima recreación; y así como
siempre agradable morada allí se encuentra, ésta es en la florida primavera más
placentera que en el resto del año. En este lugar tan agraciado suelen a menudo
reunirse los pastores que conducen sus rebaños desde los cercanos montes, y
aquí se ejercitan en varias y no fáciles pruebas, tales como lanzar el pesado
tronco, disparar con los arcos al blanco, o adiestrarse en los ágiles saltos y
en las fuertes luchas, llenas de rústicos engaños; y casi siempre en cantar y
en tocar las zampoñas, compitiendo los unos con otros, no sin aprecio y
alabanza del vencedor. En una ocasión entre otras, habiéndose reunido allí
todos los pastores vecinos, y cada cual buscando distintas maneras de
solazarse, a una maravillosa diversión se entregaban. Ergasto, bajo un árbol,
sin nada que decir o hacer, yacía olvidado de sí mismo y de sus rebaños, como
si una piedra o un tronco fuese, bien que antes solía ser más amable y gentil
que los otros pastores.
Jacopo
Sannzzaro, Arcadia
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