miércoles, 22 de marzo de 2017

Garcilaso. Fragmentos de la Égloga I

15.
Con mi llorar las piedras enternecen
su natural dureza y la quebrantan;
los árboles parece que s’inclinan;
las aves que m’escuchan, cuando cantan,
con diferente voz se condolecen
y mi morir cantando m’adevinan;
     las fieras que reclinan
     su cuerpo fatigado
     dejan el sosegado
sueño por escuchar mi llanto triste:
tú sola contra mí t’endureciste,
los ojos aun siquiera no volviendo
     a los que tú hiciste
salir, sin duelo, lágrimas corriendo.
16.

Mas ya que a socorrerme aquí no vienes,
no dejes el lugar que tanto amaste,
que bien podrás venir de mí segura.
Yo dejaré el lugar do me dejaste;
ven si por solo aquesto te detienes.
Ves aquí un prado lleno de verdura,
     ves aquí un’ espesura,
     ves aquí un agua clara,
     en otro tiempo cara,
a quien de ti con lágrimas me quejo;
quizá aquí hallarás, pues yo m’alejo,
al que todo mi bien quitar me puede,
     que pues el bien le dejo,
no es mucho que’l lugar también le quede.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Revisaré tu comentario. Este aparecerá una vez que esté autorizado.