TEATRO
ESPAÑOL ANTERIOR A 1939. TENDENCIAS, AUTORES Y OBRAS PRINCIPALES
A comienzos del siglo XX, el género teatral presentaba en España dos manifestaciones distintas. Por una parte, se daba un teatro comercial, un teatro para ser representado en los escenarios y que gozaba de éxito de público. Por otra, un teatro innovador, un teatro con intención artística y renovadora, pero que chocaba con los gustos del espectador y que por ello muchas veces no llegaba a los escenarios o lo hacía con escaso éxito.
TEATRO
COMERCIAL:
1.
LA COMEDIA BURGUESA.
También conocida como
comedia benaventina, ya que fue JACINTO
BENAVENTE (1886-1954) su autor más representativo. Benavente (Premio Nobel
de Literatura en 1922) rompió con la grandilocuencia de los dramas de Echegaray
y ofreció un teatro con un mayor interés por el diálogo conversacional y un
tono más realista y el abandono del verso.
Su teatro evolucionó
hacia un teatro más conservador que se limita a criticar de manera superficial
las hipocresías y convencionalismos burgueses, pero sin traspasar lo admisible
y lo considerado de buen tono.
De su producción teatral
cabe destacar dos obras: Los intereses
creados (1907) y La malquerida
(1913). La primera desarrolla en tono de farsa (por medio de personajes que
proceden de la commedia dell’arte
italiana) el tema del poder del dinero. La segunda sigue el modelo del ‘drama
rural’, un tipo de teatro que, ambientado en un mundo campesino dominado por la
fatalidad y por atavismos ancestrales, desarrolla un violento mundo de pasiones
no controladas por la educación urbana.
2. EL TEATRO POÉTICO O EN VERSO
Surge directamente de la
corriente modernista. Se trata de un teatro de pura evasión, sin relación
inmediata con la realidad, que recupera temas históricos y legendarios.
Destacan Eduardo Marquina y los hermanos Machado (Antonio y Manuel Machado
escriben en colaboración obras como La
Lola se va a los puertos).
3. EL TEATRO CÓMICO
La finalidad básica de
este teatro es el entretenimiento del público. Bajo este rótulo se engloban
tendencias y espectáculos muy diversos, entre ellos la zarzuela y los sainetes,
que alcanzaron con Carlos Arniches un gran desarrollo.
CARLOS
ARNICHES presenta en sus sainetes una galería de personajes pintorescos de
Madrid (chulapos), con sus problemas cotidianos y su forma castiza de hablar.
Destacan también sus tragedias grotescas, en las que el autor denuncia una
serie de lacras sociales, ya apuntados por los escritores el 98: el atraso
cultural de España, la injusticia social, el caciquismo y la inmoralidad de las
clases dirigentes; problemas que aborda en obras como La señorita de Trevélez
(1916) y Los caciques (1920).
TEATRO
INNOVADOR
1.
UNAMUNO. En la Generación del
98, Unamuno cultivó el teatro como un medio de expresar sus inquietudes
existenciales; sus obras se caracterizan por sus diálogos densos y una mínima
escenografía; es un teatro intelectual y filosófico en el que refleja sus
obsesiones por el paso del tiempo, la muerte y la búsqueda de la felicidad.
Entre sus obras destaca Fedra
2. TEATRO DE INNOVACIÓN/Dramaturgos de ruptura: Valle-Inclán y García Lorca.
VALLE-INCLÁN (Villanueva de Arosa, 1866-Santiago de Compostela, 1936).
Personaje bohemio y de
extravagante figura cultivada por él mismo, en su trayectoria teatral, se
pueden considerar cuatro etapas fundamentales:
a) Una primera
caracterizada por su reacción antirrealista, que le llevó a un teatro de estética modernista, con obras
en muchos casos mera transposición al género teatral de sus obras
narrativas de esta etapa (por ejemplo, sus Sonatas
se convierten en el teatro en El marqués de Bradomín, que era su
protagonista).
b) La segunda etapa
corresponde al llamado ciclo mítico,
o de “primitivismo”, en el que en un ambiente rural de la Galicia primitiva y
supersticiosa, unos personajes representantes de un mundo antiguo, actúan
dominados por instintos primarios, tales como la lujuria, la avaricia, o la
violencia. A este grupo pertenecen las Comedias bárbaras y Divinas palabras, en la que se vuelve a presentar un mundo
rural y primitivo de la Galicia ancestral, para hacer hincapié en lo sórdido.
c) La tercera etapa, la
del esperpento, se encuentra en la línea de lo que en Europa era el
expresionismo (exageración violenta de la realidad como una forma de
expresar más fielmente su significado) y cuyos antecedentes establece el propio
Valle en Quevedo y Goya. El esperpento queda formulado a partir de Luces
de bohemia (1920) como “la
realidad vista a través de la deformación de los espejos cóncavos”. Es
pues, una deformación sistemática de la realidad como vehículo de denuncia de
la España contemporánea. Bajo esta denominación se incluyen obras en las que,
bajo un aparente tono de burla, subyace una fuerte crítica social. Los
personajes, y el mundo en general, se presentan sistemáticamente deformados,
exagerando sus rasgos y su comportamiento, con la intención de ofrecer la
auténtica verdad. En Luces de bohemia, el poeta Max
Estrella y don Latino de Híspalis realizan un recorrido por Madrid -los bares,
las calles, la cárcel, un ministerio- a lo largo de una noche; este viaje entraña
una amarga crítica de la realidad española. Además de Luces de bohemia, esperpentos son también los títulos de la
trilogía Martes de carnaval: Los cuernos de don Friolera, Las galas del difunto y La hija del capitán.
En conjunto, la obra
dramática de Valle-Inclán supuso una renovación dramática que se anticipó a las tendencias de su época.
FEDERICO
GARCÍA LORCA
Nació en Fuentevaqueros
(Granada) en 1898. Se licenció en Derecho, y siguió estudios de Letras, Música
y Pintura, pero desde muy pronto se dedicó a la Literatura. En 1919 fue a
Madrid, donde estuvo relacionado con la Residencia de Estudiantes, lugar de encuentro
de escritores y artistas. Allí pudo conocer a Juan Ramón Jiménez, Luis Buñuel y
Salvador Dalí. Su asesinato, al comenzar la Guerra Civil, es un hecho clave que
ejemplifica la ruptura que supuso, también en la literatura, la guerra.
En la personalidad de
García Lorca se oponen dos tendencias que se manifiestan a lo largo de toda su obra: por una parte, su
vitalismo creativo y su simpatía
natural, que destacan todos los que le conocieron; pero, por otra, un hondo
malestar, una insatisfacción profunda, una constante
obsesión por la muerte.
Durante los últimos seis
años de su vida se vuelca en el teatro como autor, actor, director y crítico.
Dirige La Barraca, grupo de teatro
ambulante con el que representaba por los pueblos de España obras clásicas y
modernas.
En sus obras dramáticas
se repite un mismo tema: el enfrentamiento del individuo con su
contexto, que tiene como consecuencia la frustración trágica. Lleva a
escena pues, en distintas versiones, el destino trágico, unas veces por razones
sobrehumanas inevitables (el Tiempo, la Muerte), pero otras por razones
sociales que era necesario superar (las convenciones sociales).
Su forma es la de un
poeta. El lenguaje es siempre muy estilizado, aun cuando refleje, al mismo tiempo,
el lenguaje popular. Del mismo modo, es capaz de combinar convincentemente lo
realista y lo simbólico: una madre puede ser símbolo de la autoridad
implacable.
Su obra teatral se puede
ordenar en tres etapas:
•
En la primera, entran desde ensayos juveniles como El maleficio de la Mariposa (que
escenifica el amor imposible entre un cucaracho y una mariposa), pasando
por las piezas de guiñol y las farsas
como La
zapatera prodigiosa. En todas ellas, bajo el aparente tono festivo,
incluso infantil de los guiñoles, late la frustración, ahora a propósito del
tema de los matrimonios por conveniencia, económica o social y, por tanto,
infelices a causa de la falta de amor. En esta época destaca Mariana
Pineda, una obra en verso en la
línea modernista sobre la heroína liberal ajusticiada en tiempos de
Fernando VII.
•
La segunda etapa coincide con el influjo del Surrealismo y con su
estancia en Nueva York. Escribió entonces las que él mismo consideró “comedias
imposibles” por la novedad de sus planteamientos, donde se combina lo onírico y
visionario con el humor y el lirismo. El
público y Así que pasen cinco años han
sido escenificadas recientemente con gran éxito.
•
La tercera y definitiva etapa es la de sus grandes dramas rurales: Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba. Y entre ellos, Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores. En todos ellos,
la mujer, símbolo de la marginación, es
la protagonista. El ambiente andaluz es símbolo, a su vez, de la presión
ambiental producida por costumbres sociales trasnochadas, que acaban chocando
contra el individuo y provocando la tragedia. El final de todas ellas es pues,
trágico (muere violentamente Leonardo, el amante de la novia en Bodas de sangre; Yerma mata a su marido
al ver insatisfecha su ansia de maternidad; Adela, en La casa de Bernarda Alba, se suicida cuando cree que su amante ha
muerto por un disparo de su madre). El lenguaje es realista y a la vez poético,
cargado de símbolos, metáforas y comparaciones. Con todo esto, García Lorca es
quizá hoy el autor español más conocido y representado en el mundo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Revisaré tu comentario. Este aparecerá una vez que esté autorizado.